viernes

LA DESPEDIDA DEL FUNDADOR




D. Tomás Pallás Sierra fue sin duda alguna un magnífico militar y con eso está todo dicho.

CON VOSOTROS

Oficiales, Suboficiales y Caballeros Legionarios Paracaidistas de la Bandera Roger de Flor, Primera de la Agrupación de Banderas Paracaidistas:
Por orden de la superioridad, ceso en el mando de esta Bandera y me incorporo a la Plana Mayor de la Agrupación en Alcalá.
Hasta la fecha, desde la fundación de esta Unidad, en el último trimestre de 1953, siempre que me he dirigido a vosotros, lo hice con alegría de tener que trasmitiros felicitaciones de los superiores, comunicaros hechos con los que habíais elevado un escalón más en nombre de esta Bandera, o solamente, para deciros el orgullo que sentía de mandar a tan magníficos Legionarios. Hoy esta alegría citada, me falta.
Hoy tengo que comunicaros que de familia militar, formada con sacrificio, trabajos y sin que los medios estuvieran jamás al acorde de nuestro ímpetu y entusiasmo, me tengo que separar en cumplimiento de órdenes.
Por la disciplina, esa disciplina que tantas veces os hablé y que es necesaria para el desenvolvimiento de toda colectividad, hace, que me separe de vosotros, y más ahora, que llegando a nuestra mayoría de edad, y dispuesta la Bandera a entrar en combate, era el momento para recoger los frutos que tanta vigilia y trabajo.
Pero esta disciplina. El cumplir con las obligaciones cuando son del agrado de uno no tiene ningún mérito. Disciplina es el superarse asimismo, cuando la voluntad se revela en el cumplimiento de las órdenes, cuando el alma se encuentra vacía, porque todos los sentimientos que la habitan, quedan con lo que se formó y con aquellos artífices que cooperando unos con sus conocimientos y otros con el afán de superación e interés de aprender, conducta y capacidad crearon con espíritu de equipo y todos como un solo hombre, esta Unidad que es cúspide del Ejército y admiración del pueblo español.
Sois solera y temple de los Paracaidistas del Ejército de Tierra.
Sois FUNDADORES de la Unidad, que salió de la nada al principio del año 54, que dio sus primeros pasos en aquel inolvidable 23 de febrero del mismo año, y que se cubrió de luto el 28 de abril de 1955, al morir nuestro compañero C.L.P. ANTONIO ORTIZ PEREZ.
Sois los supersoldados que admiraran al mando en los desfiles de la Victoria del 54 y 55.
Sois los cachorros de guerreros que demostrasteis quienes sois y cual es vuestro espíritu en las tierras de Burgos y bosques de Soria, en las orillas del Gállego de Zuera, y en las noches del 13 y 14 de abril en vuestro acuartelamiento de Alcalá.
Sois los sufridos soldados de España que aguantaron las inclemencias meteorológicas con la alegría de vuestra alma joven en el transporte en camiones desde Alcalá a Cádiz.
Sois los Caballeros que admirasteis a nuestra Marina de Guerra, con vuestro comportamiento a bordo de sus buques.
Sois los aguerridos Paracaidistas, que hada de nuestra Aviación, llevasteis la paz y el respeto a España a las intranquilas soledades del desierto.
Sois, los que en apretado haz os habéis unido sin tener en cuenta sacrificios para remediar las desgracias del C.L.P. CARLOS ALMENTA GUZMAN.
Pero sobre todo, sois FUNDADORES, y esto os obliga a cumplir cada día más perfectamente, a superaros en vuestro deber, en vuestra capacidad e interés, en vuestra disciplina.
El título de Fundadores solo lo podemos llevar los que seguimos en las filas de esta Unidad hasta su completa organización y espero de vosotros que los que llevamos este título sirvamos de solera y base para la formación de nuevas generaciones paracaidistas y vuestro estilo contrastado por las numerosísimas felicitaciones recibidas, sea el orgullo de los que llevamos el paracaídas alado sobre el pecho.
Entrego el mando al Comandante D. RAMÓN SARALUCE GOÑI, y mi última orden como Jefe de la Unidad y ruego como amigo, es que cumpláis como hasta ahora, que cada día hagáis promesa de seguir adelante, y que pase lo que pase penséis siempre que vosotros no servís ni a hombres ni a apellidos, que solo servís a ideales y estos ideales son: Dios, España Paracaidista, que está por encima de todo lo humano y material
Caballeros Legionarios Paracaidistas: gritar conmigo
¡SOBRE NOSOTROS!......¡DIOS!
¡CON NOSOTROS!.......¡LA VICTORIA!
¡EN NOSOTROS!........¡EL HONOR!
¡¡¡¡¡¡¡TRIUNFAR O MORIR!!!!!!!

VUESTRO COMANDANTE FUNDADOR.

Remitido por J.L.G. Vicente.

EL 1º SALTO EN GUERRA

Es la página 20 extraída de un cómic sobre la Historia de la Brigada Paracaidista.


Hoja de Lanzamientos en donde aparece el veterano Emilio Martínez Mancebo.

TILUÍN PRIMER SALTO DE GUERRA

El desembarco aéreo sobre el sitiado fuerte de Tiliuin (Ifni), es la primera acción paracaidista española ante un enemigo real. Situado a 60 kilómetros de la capital del territorio (Sidi-Ifni) y debido a lo complicado de la orografía para desarrollar una operación por tierra, el Mando decide emplear a las "jóvenes fuerzas paracaidistas", comienza la " Operación Pañuelo ". El enemigo que actuaba en la zona, los rebeldes del autodenominado ejército de liberación, tiene unos efectivos entre 2.000 y 2.500 hombres dispersos en diferentes partidas.
Desde las primeras horas del 23 de noviembre de 1957, el fuerte de Tiliuin sufre los continuos ataques de las partidas rebeldes, la frontera del Marruecos francés la tienen muy próxima, en el río Asaca y nuestra aviación respetuosa con las leyes internacionales, no la cruza, sirviéndoles esta zona de santuario.
La decisión para la operación paracaidista se toma a las 22,00 horas del día 28 de noviembre de 1957 y se realizará en las primeras horas del día 29. La finalidad es realizar un desembarco aéreo con fuerzas paracaidistas en la zona del aeródromo de Tiliuin para establecer contacto con la guarnición del fuerte y reforzarlo, dando tiempo a la llegada de la Agrupación Táctica terrestre, efectuar la evacuación del personal y la posterior destrucción del fuerte.
La misión se le asigna a la 7ª Compañía paracaidista, disminuida en una sección (la del Tte. Ortiz de Zárate) en aquellos días cercada en las proximidades del Zoco de Tzelata. Se designan para la operación cinco aviones Junker 52 y el apoyo aéreo directo a cargo de cinco Heinkel 111. El desembarco aéreo se efectuará en dos rotaciones, la primera formada por cinco patrullas de 15 hombres al mando del capitán Sánchez Duque, la segunda con los abastecimientos, morteros y municiones.
Tanto el lanzamiento como los apoyos de fuego aéreo debían de ser operaciones precisas. A las diez horas dieciséis minutos despega el primer Heinkel, el resto a intervalos de cuatro minutos, cada avión lleva una misión de bombardeo concreto, sobre Intlan, Agadir, Morabtien, Sidi El Ahsen y todas las casas que circundan el norte, oeste y sur del fuerte. A continuación comienza el lanzamiento paracaidista, bajo el apoyo de las ametralladoras de los Heinkel, los paracaidistas llegan al suelo casi todos en sus puntos previstos. Se recibe fuego enemigo de ametralladora, de la zona de Agadir, la patrulla donde salta el capitán Sánchez Duque es la más próxima a esta zona, el enemigo piensa que las intenciones de estos paracaidistas son las de envolver Intlan y Agadir por lo que varía su despliegue hacia el este y sur. Al final los paracaidistas consiguen reagruparse y entran en el fuerte sin haber sufrido una sola baja.
Durante los días siguientes los rebeldes atacan el fuerte con morteros y fusilería, hasta que el día 3 de diciembre a las 22,00 horas se establece contacto con las fuerzas de la Legión.
El día 4 de diciembre con todos los objetivos cumplidos se arría la bandera nacional; en las horas siguientes se procede a la voladura del fuerte, regresando la Unidad a Sidi-Ifni.
Así finalizó el primer salto de guerra de las Unidades Paracaidistas del Ejército de Tierra.

jueves

EL 2º SALTO EN GUERRA.

Es la página 27 extraída de un comic sobre la Historia de la Brigada Paracaidista.

Una recreación de la inexistente "Hoja de Lanzamientos" sobre la cábila de Erkúnt, en Ifni.

No me cansaré de recordarlo, ni de presumir, porque yo tuve el privilegio de intervenir en el 2º salto en guerra de los paracaidistas del E.T. , sobre la cábila de Erkúnt, en Ifni, el 19 de febrero de 1958.


ERKUNT EL SEGUNDO SALTO EN GUERRA

Enmarcado en la operación “Pegaso” se desarrolló el segundo salto de guerra de las Fuerzas Paracaidistas del Ejército de Tierra en las inmediaciones de la localidad de Erkunt, el 19 de febrero de 1958.
Los planes del mando pretendían, con una serie de lanzamientos paracaidistas al norte del territorio (Agrupación “C”), asegurar la libre disposición de la carretera costera que unía el territorio de norte a sur. Una vez logrado este objetivo las unidades debían replegarse a Sidi-Ifni.
Además de los lanzamientos paracaidistas se dispuso una agrupación (Agrupación “M”) por tierra compuesta por la II Bandera Paracaidista y la VI de La Legión que avanzarían por las cumbres dominantes de la vía de comunicación costera.
El avance de esta columna estuvo obstaculizado por el fuego enemigo obligando a tomar al asalto algunas de las cotas que dominaban el itinerario causando los intensos enfrentamientos un número de bajas considerable entre las fuerzas de La Legión y los paracaidistas.
Ante la resistencia de las bandas de liberación el mando, con la certeza de que la única posibilidad de sorprender al enemigo era envolver su retaguardia, ordenó el embarque de las fuerzas de la 1ª Compañía al mando del Cap. Pedrosa junto a una sección de ametralladoras de la 5ª Cía. Al mando del Tte. Antón Ordóñez.
El salto se realizó en la D/Z de Erkunt, la más cercana a Sidi-Ifni de las previstas en la operación. Al llegar a la zona de lanzamiento saltó el Cap. Pedrosa como primero de la patrulla seguido por el resto de su compañía, siendo un éxito el salto sin que hubiera que lamentar ningún incidente, alcanzando los objetivos previstos y causando la retirada total del enemigo.


El fallecido periodista Ramiro Santamaría que estuvo en Ifni durante la campaña, nos cuenta su particular versión del citado salto dentro de la "Operación Pegaso" en su libro Ifni-Sahara La Guerra Ignorada (Páginas 159 a 162).
.........................."Y amanece el día 19 de febrero. Desde antes de la aparición de las primeras luces, la II bandera ocupa la base de partida. A las 8,20 horas y tras una preparación intensa, rebasa nuestra conocida posición de Buyarifen. Una hora más tarde, desde la cota 435 la 6ª compañía apoya con sus fuegos el avance de la VI Bandera de la Legión. El fuego enemigo es cada vez más intenso. Se penetra en un terreno sumamente accidentado, con alturas que oscilan entre los 50 y 453 metros sobre el nivel del mar en un continuo subir y bajar. En tales condiciones no se sabe si es peor la acción del enemigo o la sed, el peso del equipo, el cansancio.

Mientras nuestra II bandera y la VI de la Legión se baten coco a codo contra estas fortalezas naturales, la I bandera, desde las ocho horas, permanece preparada en el aeropuerto esperando la orden de embarcar. Las horas van transcurriendo en medio de aquel hervidero de hombres, equipos, armas y aviones. Periódicamente despegan los viejos “Heinkel” (los “Pedros” como popularmente se les conoce) en misiones de bombardeo y ametrallamiento.

A lo lejos, hacia el Norte, truena la artillería del crucero “Galicia” y del destructor “Almirante Miranda”, que apoyan desde el mar el avance paralelo a la costa. Pero la orden de embarque no llega. El Mando suprime la operación de desembarco aéreo a las 11,30 horas, dado que la situación en ese instante hace innecesario el lanzamiento. Solamente la 3ª compañía reforzada deberá avanzar en camiones hasta la línea ocupada por la Agrupación Táctica “M”, para desde allí lanzarse desplegada, atacar y ocupar Erkúnt.

La II bandera ocupa, a las doce, la última línea de objetivos. Cuando la 3ª compañía desciende de los camiones para iniciar su avance pie a tierra, el comandante López Costa, que en previsión de un posible lanzamiento ha acompañado a esta pequeña columna, comunica a los oficiales que según lo anuncian por radio, la 1ª compañía, una sección de ametralladoras y un pelotón de morteros (ambos de la 5ª compañía) está a punto de de aparecer por el aire para ser lanzados en Erkúm. Vendrán bajo el mando del capitán Pedrosa y constituirán la mayor fuerza lanzada sobre el Territorio en acción de guerra. Entre los oficiales figura el teniente Galera, recientemente fallecido en acto de servicio.

Hay, entre los hombres de la 3ª compañía, un primer movimiento de rabia contenida al conocer la noticia: “¡Ese salto era nuestro!”

Cuando el cielo se llena de puntos, la tripulación de los navíos de guerra que apoyan la acción, saludan con gritos, aplausos y vivas el salto de los paracaidistas. Sus cañones desvían el fuego sobre las alturas que dominan la amplia hoyada, en cuyo fondo está Erkúm. Momentos después, la 3ª compañía enlaza con los que han venido del cielo. Atrás y a la derecha, formando un amplio arco, están los hombres de la Agrupación “M”, los paracaidistas y los legionarios. La tenaza se ha cerrado. (Ha costado tres muertos en la II bandera y numerosos heridos, entre ellos el capitán Ponciano Fernández. La VI Bandera de la Legión ha tenido peor suerte).

El enemigo, que no ha caído en la trampa, se finge pacífico ciudadano o se dispersa por aquel revuelto y complicado terreno. La frontera norte está ahí, bien a la mano, y nadie les va a perseguir a través de ella.

Ya no volverán. Desde este día el flamante Ejército de Liberación que contaba con masas de hombres unos meses antes, quedará reducido a unos grupos sin potencia suficiente para realizar acciones de gran envergadura.

Y ahora, amigo lector, permítanos volver unas horas atrás el reloj que regía el tiempo de la campaña. Recordemos aquella misteriosa filtración en el secreto militar que precedió a la operación “Pegaso”, como había precedido a todas las anteriores.

No se sabe cómo pudo llegar al Hospital Militar de Sidi-Ifni la noticia de que horas después la I bandera saltaría en el límite norte del Territorio. Los enfermos y heridos que se encontraban en el hospital corrieron al director solicitando el alta inmediata y asegurando que de no obtenerla se la tomarían ellos. Poco después, con el alta conseguid o si ella, se presentaron en sus compañías para ser incluidos en la operación “Pegaso”. Cuando ésta hubo concluido, algún paracaidista precisó nuevamente ser hospitalizado hasta su total curación. ¡Ya habría tiempo para ello!

La campaña de Ifni había, prácticamente, terminado".

martes

FOTOS DE ALGUNOS PARACAIDISTAS VETERANOS DE LA GUERRA DE IFNI

























Carta manuscrita encontrada en un bolsillo del uniforme del Teniente Ortíz de Zárate


¡Oh, Dios!, Señor de los que dominan,
Guía Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y de la muerte, escucha mi oración de guerra.
Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo.
Haz que yo te sea fiel en la guerra como yo te lo fui en la paz.
Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón.
Haz que la sed y el hambre, el cansancio y la fatiga, no lo sienta mi espíritu, aunque lo sienta mi carne y mis huesos.
Que mi alma, Señor, esté siempre tensa, pronta al sacrificio y al dolor. Que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto en el combate, la guardia más dura en la trinchera, la misión más difícil en el avance.
Pon destreza en mi mano para que mi tiro sea certero.
Pon caridad en mi corazón para que mi tiro sea sin odio.
Haz por mi fe, que yo sea capaz de cumplir lo imposible. Que desee vivir y morir a un tiempo.
Morir como tus Santos Apóstoles, como tus viejos profetas, para llegar a Ti.
Vivir como tus abnegados misioneros, como tus antiguos cruzados, para luchar por Ti.
Te pido Señor, que mi cuerpo sepa sufrir con la sonrisa en los labios,
¡Como sufrían tus mártires Señor!
Concédeme, ¡oh! Rey de las victorias, el perdón por mi soberbia.
Quise ser el soldado más valiente en mi Ejército, el español más amante de mi Patria, ¡perdona mi orgullo Señor!
Te lo ruego por mis horas en vela, el fusil y el oído atento a los ruidos de la noche.
Te lo pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día.
Por mis jornadas de sed y de hambre, de fatigas y de dolor.
Si lo alcanzo Señor, ya mi sangre puede correr con júbilo por los campos de mi Patria y mi alma puede subir tranquila a gozarte, en el tiempo sin tiempo de Tu eternidad.






























domingo

CONMEMORACIÓN DEL DÍA 19 DE FEBRERO DE 1958


Salto paracaidista en guerra en Erkun (Sidi-Ifni 1958)

Un relato con fotos facilitado por el veterano paracaidista del 12º curso del E.T. José Luís González Vicente.


"La importancia de la fecha del 19 de febrero, para un paracaidista de la Bripac, excombatiente de Ifni, no podía dejar pasar por alto la conmemoración del único salto paracaidista en guerra, que la hoy Bripac, antes Banderas Paracaidistas, han efectuado en toda su historia.

Un salto en el que intervinieron los tres ejércitos. El Ejército del Aire, con sus Junkers-52, llevando paracaidistas, y los Heinkel 111 conocidos como "Pedros", ametrallando la zona de salto y alrededores, así como los Messerschmit, conocidos como "Buchones".


El Ejército de Tierra, con la actuación de la Primera Compañía de la Primera Bandera, al mando del entonces capitán D. Prudencio Pedrosa Sobral, con el apoyo sobre tierra de la Segunda Bandera Paracaidista, La Legión, los Tiradores de Ifni y otras fuerzas.

El Ejército del Mar, con la actuación del crucero Galicia y el destructor Almirante Miranda, aunque de los ochenta y ocho obuses lanzados, solo llegaron once de ellos a explosionar.
El operativo que el Mando decidió para esta ocasión, fue el que se detalla a continuación:


Así que llegado el día 19 de febrero de 1958 y tras varias dilaciones sobre si se saltaba o se suspendía el salto, en el aeródromo de Sidi-Ifni, los motores de 13 aviones Junkers-52 de la 36 Agrupación del Ejército del Aire, de Gando (Las Palmas), atronaban el aire con un ensordecedor ruido de motores, mientras que nosotros, los de la 1ª Cía. de la Primera Bandera de Paracaidistas del E.T., al mando del Capitán D. Prudencio Pedrosa Sobral (fallecido en 2004 como Teniente General), nos preparábamos con el equipo de salto y de combate.

A todo esto el Capitán Pedrosa cambiaba impresiones con sus tenientes para la acción que se iba a realizar.
Primera Sección; el Teniente Ricardo Boñita Benito. En esa sección estaba encuadrado J.L.G. Vicente.
Segunda Sección; el Teniente José Galera Sánchez Serrano. A esta sección pertenecía J. Conejo López.
Tercera Sección; el Teniente Pablo Cayuela Fernández.
Quinta Sección de ametralladoras; el Teniente Juan Antón Ordoñez.

A las 14.00 horas del mencionado día 19 de febrero de 1958 embarcábamos la 1ª Compañía y la sección de ametralladoras, en los 13 Junkers dispuestos.
La importancia dada al salto por el Mando, lo acredita el hecho de que hasta tuvimos observadores. Como "Observadores" venían en otro avión, el Teniente Coronel Jefe de la Agrupación D. Ignacio Crespo del Castillo; el Capitán de Estado Mayor D. Juan Antonio Gómez-Zamalloa Menéndez, y un periodista inglés llegado para cubrir la información.
Llegado el emocionado momento, los Junkers despegan adentrándose en el mar para al cabo de un rato girar a la derecha de la marcha y situarse sobre la vertical de la zona de Tabercut sobrevolando sobre la cabila de Erkunt.
Cerca de allí en tierra, estaba La Legión en apoyo del inminente lanzamiento de paracaidistas.


Detrás del Capitán Pedrosa todos los demás saltaron como un solo hombre. ¡¡Abajo valientes!!

Y allá van los componentes del 12º curso de paracaidistas del E.T. que con solo los saltos reglamentados del curso en Alcantarilla nunca han vuelto a saltar hasta ahora, siendo este el primer salto en la Bandera y el primer salto en guerra.
Los sentimientos se entremezclan y en ese momento no hay tiempo para analizarlos. El "tira palante que viene el comandante" es lo que impera y así lo hacemos.
La toma de tierra se produjo de un modo dispar. Mientras unos no tuvieron ninguna anécdota que contar, otros cayeron encima de las chumberas como Espí y yo mismo, con pinchos enormes que se nos clavaron precisamente allí y que tardaron en ser expulsados. Alguno que otro como Lusilla, cayeron encima de los tejados de las casas morunas y se rompieron algún que otro diente.
Otros.....bueno, otros cayeron en distintos lugares, pero todos nos agrupamos enseguida al lado de los oficiales de cada Sección, iniciándose rápidamente la marcha sobre el poblado, al mismo tiempo que se escuchaban las explosiones y tiroteos de las fuerzas que actuaban por otros lugares de la zona.
Al poco rato, con la huida de los moros, se hizo la calma, tomamos posiciones en las alturas construyéndose unos parapetillos con piedras, y......¡! Se hizo un silencio impresionante¡!

El Capitán Pedrosa nos dijo después, que los de los barcos se habían emocionado al contemplar el espectáculo, jaleándonos desde las cubiertas de los mismos. Pero nosotros ni nos enteramos, claro.

Yo no sé a vosotros, pero a mí, el recordar aquellos acontecimientos, me produce un escalofrío de emoción, al mismo tiempo que se eleva a la enésima potencia el sentimiento de orgullo paracaidista del E.T. y no puedo por menos que gritar, bien alto y claro:
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!
¡¡¡VIVA LA BRIPAC!!!

Y así finalizó la operación Pegaso. Solo un pequeño grupo de moros se atrevió a disparar algún tirito, pero fue abatido por los de las ametralladoras. Los demás salieron por piernas de allí, más bien por patas de camello y algún que otro vehículo destartalado.

El trato dado por nosotros a los nativos no contendientes de la cabila de Erkúnt, fue sumamente correcto. No les molestamos en absoluto. No les dejamos sin gallinas ni nada (entonces ya no pasábamos hambre....), incluso se les hizo alguna carantoña a algún niño poniendo de manifiesto que para nosotros, eso de "enemigos" nunca lo habíamos sentido como tales.

Sobre las 20.00 horas de la tarde-noche y una vez que se reunieron con nosotros las fuerzas del Capitán Quintas Gil y que recogimos los paracaídas que habían quedado tirados en el suelo, entonces se procedió a dar media vuelta para encaminarnos en camiones de regreso a Sidi-Ifni. Llegamos a las 22.00 horas de la noche más contentos que unas pascuas sin saber en ese momento que la Operación Pegaso había tenido un alto precio en sangre.


Los paracaidistas muertos en combate en Erkunt fueron:
Los cabos; José González Hoosrtigüela y Pedro González Jordán, y el C.L.P. Francisco Mestre Monteagudo.
A ellos tres y a todos nuestros compañeros muertos, heridos y desaparecidos en los distintos combates llevados a cabo en la Guerra de Ifni, mi homenaje más profundo, en la seguridad de que nunca serán olvidados.

José Luís González Vicente ante una placa recordatoria del lema paracaidista, situada en las escalerillas que daban acceso a las Compañías en Sidi-Ifni".

FIN.

viernes

PARACA DE POR VIDA




Para la conmemoración del 54 aniversario del lanzamiento sobre la cabila de Erkun durante la guerra de Ifni-Sahara de 1957/58, se ha publicado en un diario de Logroño una entrevista que le hizo un periodista a mi compañero de fatigas José Luís González Vicente.
Una vez más, los periodistas tienden a tergiversar las palabras de sus invitados por el afán personal de hacer resaltar sus propias ideas sobre la veracidad de un hecho. Como ejemplo, en el titular de uno de los artículos, señala el periodista unas palabras que nunca podría haber dicho este veterano paracaidista. Así se publica en grandes letras: “NOS LANZARON SOBRE ERKUN SIN HABER PEGADO UN SOLO TIRO”.
¡Eso es rotundamente falso! ya que todo el que se ha querido informar ha sabido que la unidad paracaidista, la 1ª Cía. de la Iª Bandera a la que pertenecía José Luís, para el día 19 de febrero en que realizamos el primer salto en guerra, ya llevábamos sobre nuestras botas muchos kilómetros de marchas y de confrontación con el enemigo para la liberación de poblados españoles, como quedaría reflejado en los partes de guerra de las diferentes operaciones realizadas. Para entonces, ya habíamos sufrido así mismo, la tristeza de recuperar los cadáveres de muchos compañeros nuestros a base de abrirnos paso entrecruzando disparos con el enemigo.
Dicho esto, trataré de incluir aquí y con el permiso de José Luís, algunos retazos del artículo en cuestión, aderezado con algunas fotografías del momento que esas no mienten aunque se las pueden dar diferentes interpretaciones. Por ejemplo la fotografía en que Carmencita Sevilla, aparece rodeada de un nutrido grupo de militares, o de aquella otra en la que el protagonista del artículo se recupera en el Hospital Militar de Las Palmas de Gran Canaria.
José Luís no quiere entrar en polémica y señala que solamente los que estuvimos allí sabemos en verdad lo que pasó.

La entrevista.

A José Luís González Vicente, lo que verdaderamente le gustaba era el campo. Nacido en Alfaro hace ahora 75 años, creció entre las tierras fértiles de la ribera del Ebro, entre cultivos y conservas. Desde niño aprendió lo dura que es la labranza, aunque también vio en sus frutos su medio de vida.
-¿Cómo entró usted en la Brigada Paracaidista?
-Yo había estudiado para capataz mecánico agrícola y ya tenía varias ofertas de empleo en mi pueblo. Pero como les ocurría a los jóvenes de entonces, antes de ponerme a trabajar tenía que quitarme cuanto antes el servicio militar. En 1957 me fui a Barcelona con la intención de regresar a casa lo antes posible…
-¿Y…?
-Pues que me enamoré. Paseando por Barcelona vi un cartel que llamaba a alistarse como voluntario. “Eso es lo que yo quiero ser” me dije a mí mismo. Dicho y hecho. En pocos días ya estaba en Alcalá de Henares.
-Entonces se convierte en caballero paracaidista.
-¡Ojo! No tan rápido. Para ser caballero paracaidista tenías que realizar seis saltos en Alcantarilla. Del primero, apenas me entré por los nervios. A partir del segundo, cuando comienzas a dominar la situación, ya es otra cosa. Volví a Alcalá y todo vino muy rápido.
-Del campo alfareño a una guerra perdida en África.
-Un día tocaron generala en el cuartel, nos dieron un mosquetón Mauser, doscientas balas y comida fría para dos días, que eran sino una lata de sardinas y otra de carne, y nos enviaron en un avión desde Getafe.
-¿Qué sensación tuvo?
-De acojono, con perdón. Fue un golpe muy duro, sobre todo desde el punto de vista psicológico. Nos llevaron como conejillos de Indias. Nos habían dicho que una vez nombrados caballeros paracaidistas, tendríamos unas semanas de permiso….Y tres días después estábamos en medio de una guerra sin haber pegado un tiro en nuestra vida.
-Pese a ello, usted fue uno de los privilegiados que saltaron en Erkun.
-Sin duda. Todos teníamos miedo porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar abajo. Saltamos a sólo 250 metros de altitud. Fue visto y no visto. Apenas diez segundos. Sin embargo el salto en Erkun es el único realizado por el Ejército español en acto de guerra, y de estoy muy orgulloso. El 19 de febrero se cumplen 54 años.
- Incluso, desde uno de los barcos se poetizó el salto.
-“El cielo se cubrió de decenas de de blancas rosas de seda que descendían del azul”, dijeron desde uno de los barcos que, antes, había bombardeado Erkun.
-Existe la leyenda urbana de que los marroquíes les disparaban desde tierra.
-¡Qué va! Corrían como podían. Apenas pegamos cuatro tiros, una vez que nos reagrupamos. Aunque lo que más me impresionó fue el silencio que se hizo al caer la noche cuando estábamos apostados en los alrededores de Erkun.
-¿Ha vuelto a Ifni?
En el 2005. Tuve una semana agridulce. Por un lado, las gentes de allá a los españoles nos recuerdan con cariño; incluso, cuando quieren protestar contra alguna medida de Rabat, sacan la bandera española para darles en los morros. Pero, por el otro, ves que la iglesia de Sidi-Ifni, la capital, la han convertido en los juzgados y te da pena cómo las autoridades entregaron la colonia a Hasan II. Es un honor ser paracaidista; me ha ayudado mucho en la vida.

martes

LOS OLVIDADOS DE IFNI


Los olvidados de Sidi-Ifni
Veteranos gijoneses de la última guerra que libró España exigen del Gobierno reconocimiento «moral y económico»
En primer término, Arturo Álvarez Cuervo del 12º curso paracaidista del E.T., como Juan Conejo y José Luís González Vicente, sostiene un reportaje de LA NUEVA ESPAÑA sobre la guerra de Sidi Ifni publicado en 2007. Detrás, Ángel Suárez Sánchez y Fulgencio Infiesta Costales.
La de Sidi-Ifni fue una guerra ignorada, la última que libró España, que ni tan siquiera se cita en los libros de historia. Comenzó en 1957 en el territorio (entonces provincia) español situado entre el Reino de Marruecos y el Sahara Occidental, a orillas del océano Atlántico, al año siguiente de que España abandonara su protectorado del Norte de Marruecos que tanta sangre costó entre 1909 y 1926.

Auspiciada y alentada por el Reino de Marruecos, la guerra de Sidi-Ifni acabó con el abandono, a finales de los años sesenta, del territorio africano administrado por España. El último episodio sería, en 1975, la llamada «Marcha Verde», también alentada desde Rabat, que terminó con la salida de España del Sahara Occidental.

Medio siglo después de lo de Sidi-Ifni, un grupo de veteranos de la campaña, soldados de reemplazo que fueron enviados a luchar a tierras africanas, reivindica que se les recuerde y, sobre todo, que el Gobierno de España «cumpla con el reconocimiento moral y económico aprobado en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados en febrero de 2006, que instaba a plasmar en una ley este reconocimiento».

Quienes hablan son tres gijoneses que sirvieron en Sidi-Ifni: Arturo Álvarez Cuervo, de 73 años de edad, que combatió nueve meses allí en la Brigada Paracaidista, entre 1957 y 1958; Fulgencio Infiesta Costales y Ángel Suárez Sánchez, ambos de 74 años y antiguos soldados que estuvieron en Sidi-Ifni seis meses de 1959 en un batallón del Regimiento de Infantería «Simancas» número 4, que entonces tenía su acuartelamiento en Gijón.

«Lo peor ya no es que no nos quieran reconocer lo que hicimos allí, donde murió mucha más gente de la que se cuenta», relata Ángel Suárez Sánchez, «es que para poder reclamar es necesario que te den un certificado en el Archivo General Militar de Guadalajara y los están desapareciendo; lo que quieren es que fallezcamos todos y asunto terminado».

Ángel Suárez tuvo suerte, fue de los primeros en pedir el certificado «y me lo mandaron por correo, pero ahora te obligan a ir a Guadalajara, y mucha gente de la que estuvo en Sidi-Ifni no lo sabe». Suárez también es vocal de la Asociación de Veteranos del Sahara, con sede en Cataluña, que impulsa que el Gobierno de la Nación cumpla con lo aprobado en el Congreso de los Diputados.
«En la guerra de Sidi-Ifni estuvo mucha gente de Asturias, sobre todo de la parte de las cuencas mineras». Por ello, quienes quieran contactar con la citada asociación pueden telefonear al número de Ángel Suárez: 985134047.

lunes

TIEMPO DE RECORDAR



MARCELINO IZQUIERDO mizquierdo@diariolarioja.com | LOGROÑO.


Ifni, la guerra que Franco ocultó.

La guerra la ganamos desde la perspectiva militar, pero después Ifni se entregó a Marruecos de forma vergonzosa», afirma González

En la noche del 23 de noviembre de 1957, un grupo de guerrilleros marroquíes, organizado por el príncipe Muley Hasan, que pronto se convertiría en Hasan II, atacó Sidi Ifni, la capital de la colonia que España defendía en el sur de Marruecos. La Guerra de Ifni estalló, para sorpresa del general Franco, castigando a unas tropas que custodiaban las colonias del norte de África con más voluntad que medios. El riojano José Luis González Vicente no sólo es uno de los supervivientes de la contienda sino que, además, participó en el único salto paracaidista llevado a cabo por el Ejército español en acto de guerra. El próximo domingo se cumplen 54 años.
Tras lograr la independencia en 1956, Marruecos comenzó a movilizarse para conseguir la descolonización de las posesiones españolas. Si el sultán Mohamed V alentó a los conspiradores del Ejército de Liberación Marroquí en Ifni, su hijo Hasan lo apoyó con armas y dinero. La situación de las tropas españolas era lamentable. Apenas tenían armamento ni munición ni transporte, los soldados hacían la instrucción en alpargatas compradas en el zoco de Sidi Ifni, la capital, y los puestos de control repartidos por el territorio, poco más de un tercio de La Rioja (1.500 kilómetros cuadrados), apenas eran unas casetas de tejavana sin condición alguna.
Cuando los rebeldes generalizaron su ofensiva, los puestos de vigilancia apenas pudieron plantar cara. Muchos militares españoles murieron, otros fueron torturados, aunque muchos de ellos resistieron hasta la extenuación.
«Primero la Legión y luego la Brigada Paracaidista fuimos al rescate y liberamos a muchos de los que estaban atrapados. Ganamos la guerra desde la perspectiva militar pero no volvimos todos. En total, en las operaciones de guerra de Ifni y el Sáhara murieron 152 militares, 50 fueron dados por desaparecidos y y otros 518 resultaron heridos, según fuentes oficiales de la Capitanía General de Canarias», explica González Vicente.
La reconquista española
En febrero de 1958, las tropas españolas apoyadas por las francesas comenzaron la reconquista frente al Ejército de Liberación Sahariano, operación en la que participó en paracaidista riojano. El poder absoluto hispano-francés del espacio aéreo dio sus frutos, tras el despliegue de 130 aviones (60 españoles y 70 franceses), al tiempo que por tierra llegaban 9.000 soldados españoles y 5.000 franceses.
A José María Ezquerro, un joven zapador de Pradejón, la guerra le tocó en Tetuán. «Nos enviaron al Aaiún y allí estuve en las trincheras protegiendo el aeropuerto -recuerda-. Fueron momentos muy malos, sobre todo el 13 de enero de 1958 en el que tuvimos 44 muertos. Por el día hacía un calor insoportable y por la noche te helabas de frío. No teníamos ni ropa adecuada ni armas ni comida». Fueron siete meses «horribles» para este riojano que hoy tiene 76 años. «Nunca he vuelto allí ni ganas que tengo de volver».
Por fin, el 1 de abril de 1958 fueron rubricados los acuerdos de Cintra entre los gobiernos de Madrid y de Rabat, por los que España entregaba a Marruecos la zona de Cabo Juby, entre el río Draa y el paralelo 27º40', aunque quedaba excluida la capital, Sidi Ifni, así como el resto del Sáhara Occidental.
«A Franco le afectó mucho esta guerra -argumenta González Vicente-, pues Mohamed V era como su hermano, él había realizado casi toda su carrera militar en África y la Guardia Mora era como su familia. Nunca pudo digerir la traición». Y añade: «La Guerra de Ifni la ganamos los españoles desde la perspectiva militar, pero después Ifni se entregó a Marruecos de forma vergonzosa y se ocultó a la gente».

sábado

EL 12º CURSO PARACAIDISTA DEL E.T.





Hace ya unos cuantos años que los 123 hombres componentes del 12º curso paracaidista del E.T., nos vimos reflejados en un documento que me facilitó como no podía ser de otra manera, mi amigo y compañero José Luís González Vicente.

La inmensa mayoría los componentes del 12º curso, nos vimos metidos de lleno en el conflicto que fue la Guerra de Ifni-Sáhara de 1957/58 donde muchos de nosotros sufrimos los sinsabores de aquella confrontación a la que llegamos, se suponía que como soldados de élite, pero sin la más elemental preparación militar.

Fue a base del tesón que pusieron nuestros mandos que consiguieran en poquísimo tiempo y sobre la marcha de los acontecimientos, hacer de nosotros unos veteranos combatientes, y que nos moviésemos por aquellos campos con la disciplina y pericia que eran necesarias, frente a un enemigo que sabía correr y moverse entre los matorrales como reptiles.
Ese enemigo, a veces llegaba hasta nosotros que estábamos esperándoles parapetados, en grupos de a tres o cuatro, portando un viejo fusil, una tetera a medias, y unos cuantos higos chumbos secos. Yo creo que se dejaban coger prisioneros quizá para conocer nuestros efectivos porque después se les soltaba tras haberles interrogado casi con mimo por aquello de las órdenes de Franco. Aparte de esas curiosas escaramuzas, los moros resultaron ser un enemigo muy correoso, malicioso, muy bien armado y por tanto muy peligroso.

Sabemos que se escondían, incluso estando heridos, debajo de las ramas de las plantas que crecían agrupadas, de manera que era muy difícil verles. Cuando pasábamos de largo, volvían a atacarnos pero siempre a prudente distancia no fuese que les pudiésemos coger prisioneros y se les hiciese hablar para conocer sus intenciones y efectivos. En alguna ocasión, ni sabían contra quien combatían creyendo que éramos franceses a los que les tenían verdadero terror.

Guardo en mi memoria muchos recuerdos, pero eran los de por las noches, que estando algunos de guardia, se les oía al enemigo moverse cerca de nosotros entre los ásperos matorrales yendo de acá para allá tratando posiblemente de localizarnos y dejarnos fritos.
Ellos, o sabían ver en la oscuridad porque tenían muy estudiado el terreno, o es que nosotros nos sobresaltaba cualquier ruido, siendo necesario hacer un esfuerzo mental para no comenzar a disparar contra no se sabía qué.
Lo posible es que el supuesto enemigo solo fuese un animal errante que por la mañana aparecía muerto con varios disparos de esos que sonaban de vez en cuando por la noche. Lo cierto, es que eso suponía un desgaste porque así no había manera de descansar y dormir un minuto ninguno de nosotros.

A pesar de todo lo sufrido por mí al haber caído herido en esa guerra, lo cierto es que a veces recuerdo aquellos tiempos como si se tratase de una imagen fugaz el la que no era yo quien estaba allí, y que todo aquello fuera un sueño del que se despierta un día al cabo de más de medio siglo, rememorando uno de los momentos más señalados de mi ya pasada juventud.

Al cabo de ese medio siglo, pocos somos los que quedamos vivos de aquella larga lista de jóvenes paracaidistas que formamos en su momento el 12 curso del E.T. y que combatimos con unos medios tan pobres que hoy darían risa a las nuevas generaciones de paracaidistas españoles, si no fuese por el respeto con que se nos recibe en los nuevos acuartelamientos cuando alguno de nosotros aparece por allí para rememorar tiempos pasados.

Los compañeros que ya nos han dejado definitivamente hace años porque han fallecido, seguro que nos están esperando allá arriba, haciendo unas de aquellas emocionantes guardias, pero esta vez junto a las estrellas.